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Recomendaciones de traductoras y traductores: Alejandro Ariel González, Alicia Jiménez, Amelia Serraller, Carmen Caro, Enrique Maldonado, Florencia Ferré, Héctor Santiago, Joaquín Fernández-Valdés, Joaquín Torquemada, Jorge Ferrer, José Luis Rivas, José María Faraldo, Liudmila Biriukova, Marc Casals, Marco Vidal, María Vútova, Marta Sánchez-Nieves, Monika Zgustova, Natalia Morozova, Rafael Martín, Ricardo San Vicente, Vicente Fernández González, Xavier Farré y Yulia Dobrovolskaia
Literatura bosnia, búlgara, checa, eslovena, griega, letona, lituana, polaca, rusa, serbia
Sasha y Volodia son una pareja más que se intercambian 𝐜𝐚𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐦𝐨𝐫. En teoría. Porque la magia de la escritura de Shishkin nos transporta a veces a otras épocas, a veces a la vida cotidiana del siglo XX en Rusia.
Esta 𝐧𝐨𝐯𝐞𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐥𝐥𝐚𝐠𝐞 bebe del folclore ruso y eslavo, de las tradiciones clásicas grecorromanas, de los clásicos rusos, por supuesto. Y la aguja mágica de Shishkin los engarza sin que se les noten las costuras. Y, de repente, los gestos sencillos de la cotidianidad se convierten en gestos más épicos que supuestos actos heroicos. 𝐆𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐞́𝐩𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐬𝐨𝐧 𝐠𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐦𝐨𝐫.
Y, precisamente por cuánto me costó, como traductora, descubrir la heroicidad en esos pequeños gestos cotidianos y tiernos, recomiendo este libro.
La conversación sobre 𝐁𝐫𝐨𝐝𝐬𝐤𝐲 suele empezar en el lugar equivocado: en la lengua de llegada. Se discute su eficacia en inglés, se le mide con reglas ajenas, se le absuelve o se le condena con una balanza que no siempre pesa lo mismo. Tal vez convendría, antes, preguntarse 𝐪𝐮𝐞́ 𝐬𝐞 𝐩𝐨𝐧𝐞 𝐞𝐧 𝐣𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐩𝐨𝐞𝐦𝐚 𝐜𝐫𝐮𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐢𝐝𝐢𝐨𝐦𝐚; no qué pierde, sino qué se transforma.
Conocí a Brodsky primero como lector de sus ensayos: allí ya estaba todo. El pensamiento cortante, la ironía sin aspavientos, una gravedad que no excluye el sarcasmo. La poesía vino después, y vino como confirmación: no como ornamento del pensamiento, sino como su respiración. 𝐍𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐩𝐨𝐞𝐭𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐫𝐫𝐞𝐛𝐚𝐭𝐨 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐚𝐫𝐪𝐮𝐢𝐭𝐞𝐜𝐭𝐮𝐫𝐚; no del desborde, sino de la tensión sostenida entre forma y conciencia del tiempo.
Se ha repetido hasta el cansancio que la poesía rusa —y la suya en particular— es intraducible. Que la rima, la métrica, ciertas inflexiones gramaticales constituyen no sólo una técnica, sino una forma de estar en el mundo. Puede ser. Pero habría que decirlo con cuidado: no hay lengua que no produzca ese mismo espejismo sobre sí misma. T𝐨𝐝𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐞 𝐚 𝐬𝐚𝐜𝐫𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐝𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬.
Brodsky desconfiaba de la traducción, y sin embargo tradujo. Lo hizo con una 𝐟𝐢𝐝𝐞𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐩𝐞𝐜𝐮𝐥𝐢𝐚𝐫: 𝐧𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐥𝐞𝐭𝐫𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐚𝐥 𝐬𝐨𝐧𝐢𝐝𝐨; no al sentido desplegado, sino a la presión formal del verso. El resultado, en inglés, fue irregular. A veces admirable en su osadía; a veces torpe, forzado, casi caricaturesco. No es una herejía decirlo: la grandeza de un poeta no lo exime de los riesgos de su propio método.
Traducir a Brodsky al español implicaba, para mí, una renuncia deliberada: no competir con la rima rusa ni con su eco artificial en otra lengua, sino 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐜𝐡𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐩𝐞𝐝𝐢́𝐚 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐞𝐦𝐚 𝐚𝐥 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐫 𝐚𝐪𝐮𝐢́. La traducción no es un espejo: es un injerto. Y todo injerto modifica el cuerpo que lo recibe.
Una traducción lograda no es la que se somete con mayor docilidad al original, sino la que logra que el 𝐩𝐨𝐞𝐦𝐚 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐚 𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐚𝐫. Que encuentre, en otra lengua, una sintaxis capaz de sostener su visión del mundo. Porque eso es lo que se traduce —si algo se traduce—: una relación con el tiempo, con la muerte, con la ironía de estar vivo.
Brodsky es un poeta de la unidad, no de la variedad. En el fondo, 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐞𝐦𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐞𝐱𝐢𝐥𝐢𝐨, del desgaste, de la lucidez que no consuela. Esa insistencia es su fuerza. Y esa insistencia no depende de una rima específica ni de una cadencia nacional. Depende de una sintaxis moral.
La personalidad de un escritor está en su manera de ordenar la frase. En cómo avanza, en cómo se detiene, en cómo se permite —o no— el exceso. Eso es lo que busqué preservar. No el “espíritu eslavo”, noción vaga y frecuentemente retórica, sino el 𝐩𝐮𝐥𝐬𝐨 𝐛𝐫𝐨𝐝𝐬𝐤𝐢𝐚𝐧𝐨: su sequedad, su inteligencia sin complacencia, su mezcla de desprecio y ternura hacia el mundo.
Si algunos poemas, en español, resultan más legibles, más tensos, incluso más eficaces que sus versiones inglesas, no es por virtud del traductor, sino por la lengua misma, que ofrece otros apoyos, otras resistencias. Traducir no es mejorar, pero a veces —inevitablemente— se corrige.
Así por el estilo no pretende clausurar una discusión, sino desplazarla. No se trata de decidir si Brodsky es o no un gran poeta en inglés, sino de aceptar que en español puede serlo sin reservas. No como un huésped exótico, sino como 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐭𝐞𝐧𝐞𝐜𝐞 —por derecho de lengua— 𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧.
Porque es un 𝐠𝐫𝐢𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝, porque sacude los cimientos de lo que creemos civilización desde un tiempo ya lejano, desde los días de 𝐮𝐧𝐚 𝐠𝐮𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐞𝐜𝐥𝐢𝐩𝐬𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐨𝐭𝐫𝐚𝐬 y que es espejo de nuestros días. Los relatos de Ivan Cankar son pinceladas desmesuradas que mezclan los sueños con ese incierto estado de vigilia que los evoca y amplifica para transformarlos en revelación. 𝐄𝐥 𝐦𝐚́𝐬 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐱𝐩𝐨𝐧𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐨𝐝𝐞𝐫𝐧𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐥𝐨𝐯𝐞𝐧𝐨 en su libro máximo, poético, desconsolado y esperanzador al mismo tiempo. Lo recomiendo porque en esas palabras del pasado está nuestro presente.
Los 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐬𝐞𝐫𝐛𝐢𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐊𝐚𝐫𝐚𝐝𝐳̌𝐢𝐜́ se recopilaron en una época en la que los Balcanes pertenecían a dos imperios enfrentados y sus habitantes, a ninguno. En aquel tiempo no importaba tanto dónde habían nacido ni cuáles eran sus diferencias, sino qué tenían en común y cómo podían compartirlo y transmitirlo. Por eso, 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐬𝐨𝐧 𝐬𝐞𝐫𝐛𝐢𝐨𝐬, 𝐛𝐚𝐥𝐜𝐚́𝐧𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐲 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐥𝐚𝐯𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐮𝐫.
Los cuentos maravillosos de esta edición combinan 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐠𝐢𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐬𝐦𝐨𝐠𝐨𝐧𝐢́𝐚, propias de los pueblos que abrazaron el Cristianismo a finales de la Alta Edad Media, con la frescura de la oralidad, los contrastes culturales y las referencias e influencias de la distintas civilizaciones y culturas, que dejaron huella en la población. El resultado: unos textos con una 𝐫𝐢𝐪𝐮𝐞𝐳𝐚 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐡𝐚𝐧 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨𝐬.
Quizá lo más interesante de los cuentos serbios, además de sus historias (parecidas, pero siempre distintas, como suele pasar con los cuentos maravillosos), sea el hecho de 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐩𝐮́𝐛𝐥𝐢𝐜𝐨 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐢𝐥, respetando el modo en el que fueron recopilados y modificados por el propio Vuk. Y, por extraño que pueda parecer, son 𝐦𝐮𝐲 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬, leídos y estudiados como referente literario, incluso en la actualidad, algo que no es tan habitual cuando hablamos de tradición oral.
Y es que la 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐨𝐫𝐚𝐥, que debería ser considerada 𝐯𝐚𝐥𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐞𝐫𝐨 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐯𝐢𝐯𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 y demostrar la necesidad innata del ser humano de crear, de imaginar, de comunicar y de emocionar, a pesar de las limitaciones, de la ausencia de la escritura o de la censura, en muchas ocasiones, con frecuencia es considerada de menor categoría, incluso por quienes estudian y se dedican a la literatura.
Leer los cuentos serbios no decepciona. Es adentrarse en un 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐨𝐦𝐩𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐠𝐥𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐥𝐞𝐜𝐢𝐝𝐚𝐬 y donde nada es del todo imposible. Como otros muchos, fueron creados para ser compartidos en comunidad, sin importar la edad. Siendo las fechas que son, quizá no sería mala idea probar a contar un cuento en familia y experimentar lo que han sentido generaciones a lo largo de los siglos al escucharlos.
Comparto con usted, estimado lector, una 𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐨𝐞𝐬𝐢́𝐚 𝐫𝐮𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐚 𝐦𝐢𝐭𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐠𝐥𝐨 𝐗𝐗, desconocida o poco difundida en español, principalmente 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐢𝐤𝐚. Se trata de los tiempos de censura, del samizdat (autoediciones) y, en varios casos, de represión política y emigración.
A falta de espacios propicios para la discusión, en general se dejaban de lado cuestiones relacionadas con la naturaleza del arte y del arte poético en particular. En la época en que, bajo la lupa de los censores, se encontraban, incluso, las formas del arte, el estilo y el uso de las palabras, la franqueza plena de una expresión no era posible.
La aspiración principal de los poetas fue 𝐥𝐥𝐞𝐧𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐯𝐚𝐜𝐢́𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐚𝐝𝐨 𝐚𝐫𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐥𝐚́𝐬𝐢𝐜𝐨𝐬, y restablecer los valores de los que habían sido despojados. De esta forma, justo antes de la perestroika, surgió un ambiente cultural que pasó a la historia rusa bajo el nombre de la Segunda Cultura.
El cese de la censura que trajo la perestroika permitió que, en la última década del siglo pasado, saliera a la luz la vastísima obra poética, desconocida para el lector en lengua rusa, develándose así los nuevos nombres fundamentales de las letras del siglo XX. Los autores de la segunda mitad de esa centuria comenzaron a ocupar el lugar que les correspondía en las culturas rusa y universal.
Como suele ocurrir con la mayor parte de la buena literatura infantil, 𝐿𝑜𝑠 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝐸𝑟𝑖𝑧𝑜, de 𝐒𝐞𝐫𝐠𝐮𝐞́𝐢 𝐊𝐨𝐳𝐥𝐨𝐯, no son fácilmente clasificables. ¿𝐅𝐢𝐥𝐨𝐬𝐨𝐟𝐢́𝐚 𝐨𝐫𝐢𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐧𝐢𝐧̃𝐨𝐬? ¿Cuentos para adultos deseosos de recuperar el contacto con el niño que llevan dentro? ¿Haikús largos en prosa? ¿Ejercicios de meditación? No importa demasiado. En todo caso, son 𝐩𝐨𝐞́𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬 𝐲 𝐭𝐞𝐫𝐚𝐩𝐞́𝐮𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬 y fascinan a niños y adultos por igual. Sus personajes tienen una capacidad excepcional de 𝐜𝐨𝐧𝐞𝐜𝐭𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 y vivirla en el aquí y ahora. El Erizo, conmovido por la vista del valle inundado de niebla, desciende de la colina para sentir «cómo se está ahí dentro», y el Conejo, que se sube a un árbol para ver la puesta del sol, experimenta una especie de epifanía cuando por fin supera el miedo a la altura:
Se puso en pie en la rama, como un pájaro, un gran pájaro orgulloso con las orejas al vuelo. En ese momento tuvo la impresión de que todo el bosque; todo el prado; todo el río, que ahora se veía muy bien; todo aquello le pertenecía a él, al Conejo, y no había necesidad de pensar en nada.
—¡Por fin! —dijo la Ardilla—. ¡Ya era hora, Conejo! ¡Mira qué guapo te has vuelto, Conejo!
En estos cuentos, la 𝐦𝐚𝐠𝐢𝐚 tiene que ver con el poder de la imaginación y la fuerza de la intención: basta con meter tres barquitos en un barreño lleno de agua para transformarlo de verdad en un mar que respira y susurra; se puede cantar sin sonido y disfrutar juntos de la 𝐦𝐮́𝐬𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨𝐬𝐚; y para que las estrellas sigan brillando, solo hace falta limpiarlas con una escobilla y un paño.
Las 𝐚𝐜𝐮𝐚𝐫𝐞𝐥𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥𝐢𝐜𝐚𝐝𝐚𝐬, casi transparentes de Zuzanna Celej fueron creadas específicamente para esta edición. Ofrecen una visión muy diferente del mundo del Erizo en comparación con la famosa película de animación 𝐸𝑙 𝐸𝑟𝑖𝑧𝑜 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑛𝑖𝑒𝑏𝑙𝑎, de Yuri Nordshtein y Franchesca Yárbusova (por cierto, una de las preferidas de Hayao Miyazaki), 𝐦𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐞 𝐢𝐧𝐪𝐮𝐢𝐞𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞, que ha condicionado a muchos ilustradores anteriores. Las ilustraciones de Celej son más luminosas y apacibles, muy en sintonía con los cuentos, y demuestran que 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐮𝐧 «𝐄𝐫𝐢𝐳𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫» 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨.
Gracias a la editorial KALANDRAKA, Los cuentos del Erizo se pueden leer en castellano, catalán y gallego.
La obra que más me costó traducir fue 𝐿𝑎𝑠 𝑎𝑣𝑒𝑛𝑡𝑢𝑟𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑢𝑒𝑛 𝑠𝑜𝑙𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑆𝑣𝑒𝑗𝑘, de 𝐉𝐚𝐫𝐨𝐬𝐥𝐚𝐯 𝐇𝐚𝐬̌𝐞𝐤, y es la
que recomiendo a los lectores. Igual que la de hoy, la época que el autor describe estaba marcada por un período de transición, por el final de una época y el comienzo de otra. El Imperio austrohúngaro se estaba hundiendo, se había acabado un periodo tranquilo y seguro. El cambio, la guerra, el miedo y la inseguridad estaban en el aire. Es en ese momento de la historia de Europa en que también Franz Kafka escribió "El proceso". De la misma manera que en la obra de Kafka, también en la novela de Hašek 𝐥𝐨 𝐫𝐢𝐝𝐢́𝐜𝐮𝐥𝐨, 𝐥𝐨 𝐠𝐫𝐨𝐭𝐞𝐬𝐜𝐨 𝐲 𝐥𝐨 𝐚𝐛𝐬𝐮𝐫𝐝𝐨 𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐧 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐮𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨, de la inseguridad y de la angustia que se intuía en la época. Creo que la novela de Hašek 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫 𝐚𝐥 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐡𝐨𝐲.
𝐂𝐚𝐭𝐞𝐫𝐢𝐧𝐚 𝐆𝐨𝐠𝐮, nacida en Atenas el año 1940, vivió las etapas más turbulentas de la ℎ𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑚𝑝𝑜𝑟𝑎́𝑛𝑒𝑎 𝑑𝑒 𝐺𝑟𝑒𝑐𝑖𝑎 (ocupación nazi, guerra civil, dictadura y transición), una historia que no pudo dejar de marcarla. Desde los seis años actúa en obras de teatro infantil y desde los doce, en el cine. En el cine comercial griego de los años sesenta tuvo principalmente papeles secundarios y ajenos a su personalidad y a su posterior obra poética. En los años setenta y primeros ochenta, sin embargo, tuvo una participación destacada en el nuevo cine griego.
Con una profunda conciencia política y social, dejando clara su tendencia anarquista, aunque nunca afirmara explícitamente su afiliación a ningún movimiento, se posicionó a favor del feminismo y de la comunidad LGBTIQ+ de su época, a favor de la juventud marginada y sin horizontes y en contra de la represión policial. En 1978 publica 𝐓𝐫𝐞𝐬 𝐜𝐥𝐢𝐜𝐬 𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚, su primer 𝑝𝑜𝑒𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜, con el que critica la sociedad pequeñoburguesa y la realidad asfixiante del mundo capitalista y cuestiona valores tradicionales como la familia y la patria.
Su poesía, descarnada y vibrante rezuma, inconformismo, rabia, dolor y rebeldía; 𝑒𝑥𝑝𝑟𝑒𝑠𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑣𝑖𝑑𝑢𝑎𝑙 𝑦 𝑐𝑜𝑙𝑒𝑐𝑡𝑖𝑣𝑜, el sueño fallido de la revolución.
𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐉𝐮𝐚𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐀́𝐧𝐠𝐞𝐥𝐞𝐬 se presenta como un relato sobre la 𝑝𝑜𝑠𝑒𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒𝑚𝑜𝑛𝑖́𝑎𝑐𝑎. El padre Suryn, un párroco de devoción extrema condicionado por su vida de provincias y por una madre autoritaria (que, a su vez, entra en un convento, transmitiendo el sentimiento del deber y de la culpa a su hijo), emprende un viaje en los confines de 𝐏𝐨𝐥𝐨𝐧𝐢𝐚 para dirigirse a un convento donde está Madre Juana, que se encuentra bajo una posesión demoníaca en la que ha arrastrado a casi todas las demás monjas del convento. Suryn tiene como misión quitar el demonio del cuerpo (y el alma) de Madre Juana. Y ahí se cruzan los viajes, el viaje físico con el viaje espiritual que recorre el padre Suryn en busca de la purificación y la salvación no tanto de Madre Juana como de sí mismo, si es que esto es todavía posible.
Basada en 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐩𝐢𝐬𝐨𝐝𝐢𝐨𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐨𝐬𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢́𝐚𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐋𝐨𝐮𝐝𝐮𝐧, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚, en el siglo XVII, en medio de una compleja maraña de 𝐢𝐧𝐭𝐫𝐢𝐠𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬, la novela de 𝐈𝐰𝐚𝐬𝐳𝐤𝐢𝐞𝐰𝐢𝐜𝐳 se centra en el sentido de la posesión reflejado en los dos personajes, pero que es a la vez una metáfora de cualquier tipo de posesión, personal o colectiva (Iwaszkiewicz terminó de escribir la obra en 1942 y se publicó en 1946). Es una obra llena de reflexiones y de episodios memorables, como un exorcismo lleno de un humor corrosivo. En 1960, 𝐉𝐞𝐫𝐳𝐲 𝐊𝐚𝐰𝐚𝐥𝐞𝐫𝐨𝐰𝐢𝐜𝐳 hizo una 𝐚𝐝𝐚𝐩𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐢𝐧𝐞𝐦𝐚𝐭𝐨𝐠𝐫𝐚́𝐟𝐢𝐜𝐚 del relato, deliciosa, por bien que con una interpretación distinta a la de Iwaszkiewicz.
¿Qué por qué considero que es imprescindible que leáis estas fiestas las “𝐇𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐆𝐫𝐚𝐧 𝐆𝐮𝐬𝐥𝐚𝐫” de 𝐊𝐢𝐫 𝐁𝐮𝐥𝐢𝐜𝐡𝐨𝐯?
Porque todo el mundo debería haber podido visitar este pueblo ruso, enclavado en la provincia, donde tienen lugar tantas 𝐚𝐯𝐞𝐧𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐨𝐫𝐝𝐢𝐧𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬: extraterrestres excéntricos que visitan el pueblo por sorpresa, sabios locos que hacen descubrimientos asombrosos, peces mágicos, expediciones muy locas a otros planetas…
Porque así podréis conocer como se ha vivido en la 𝐑𝐮𝐬𝐢𝐚 𝐫𝐮𝐫𝐚𝐥 desde los años sesenta del siglo veinte de forma ligera y entretenida, y como ha cambiado el país desde entonces.
Porque los protagonistas son todo un elenco de 𝐭𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐜𝐨𝐬, tercos, habladores, a cada cual más extravagante, pero que a la vez representan algunos de los 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞.
Porque es un cruce entre Nikolái Gógol, Isaac Asimov y la serie “El Pueblo” de Prime video.
Porque es 𝐥𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐚𝐢𝐬 𝐚 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐥𝐞𝐞𝐫 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐚𝐧̃𝐨. Y el que viene.
Una novela de 𝐚𝐯𝐞𝐧𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬. Una novela de 𝐦𝐢𝐭𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚. Una novela de la 𝐒𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐚 𝐆𝐮𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐌𝐮𝐧𝐝𝐢𝐚𝐥. Una novela de 𝐟𝐚𝐧𝐭𝐚𝐬𝐢́𝐚. Una novela de acción. Una novela de amor. El héroe en busca de su amada. El héroe un busca de su destino. El héroe que lo ha olvidado todo. El héroe que tiene que salvar a la humanidad. El héroe que preferiría no ser un héroe. La heroína a su pesar. La heroína que tiene que salvar a su hija. La heroína que tiene que salvar al héroe que no lo es. Y la heroína también. Fumaderos de opio. Cuarteles del Ejército ruso. Grutas mágicas. Cámaras acorazadas. Santuarios en el bosque. 𝐔𝐧𝐚 𝐧𝐨𝐯𝐞𝐥𝐚 𝐦𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚. Una novela de espías. Una novela de traiciones. Una novela de mentalistas. 𝐔𝐧𝐚 𝐧𝐨𝐯𝐞𝐥𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐨.
Todo esto es 𝐄𝐥 𝐕𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐙𝐨𝐫𝐫𝐨𝐬, la gran novela de 𝐀𝐧𝐧𝐚 𝐒𝐭𝐚𝐫𝐨𝐛𝐢𝐧𝐞𝐭𝐬.
Las fronteras son espacios de indefinición, lugares donde la ficción y la realidad se entremezclan, donde las culturas se solapan y las costuras se abren para dejar pasar a la periferia de la realidad opuesta. Manchuria, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, una localidad aislada del mundo, donde las atrocidades de la locura humana se superponen con el folclore de los pueblos orientales. En este entorno sitúa Starobinets su particular monomito, el periplo del héroe desde la ausencia de memoria hasta el conocimiento del mundo.
¡Qué extraordinario placer ha sido traducir 𝐄𝐥 𝐊𝐫𝐞𝐦𝐥𝐢𝐧 𝐝𝐞 𝐚𝐳𝐮́𝐜𝐚𝐫, de 𝐕𝐥𝐚𝐝𝐢́𝐦𝐢𝐫 𝐒𝐨𝐫𝐨𝐤𝐢𝐧! El placer de llevar a la lengua española la prosa de Vladímir, que aquí viene vestida en el estilo de la gran literatura clásica rusa del s. XIX, pero también el de anticipar el susto y el 𝐠𝐨𝐜𝐞 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐥𝐞𝐜𝐭𝐮𝐚𝐥 que esperan a los lectores, a ustedes, en las páginas de este libro 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐝𝐨 𝐲 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐚𝐳, 𝐫𝐚𝐛𝐢𝐨𝐬𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐥𝐢𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐬𝐮𝐭𝐢𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐨𝐫𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐨, profundo y a la vez ligero, y hermoso como un artefacto tan perfectamente concebido que resplandece con el brillo tenue y misterioso de las obras maestras.
A Sorokin se lo tiene por un visionario, un 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐞𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐜𝐥𝐚𝐯𝐞 𝐩𝐨𝐩 que ha sabido irle descubriendo el porvenir a Rusia década a década. Una condición que él discute con una firmeza no exenta de coquetería: «𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑑𝑖𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑛𝑜 𝑣𝑎𝑙𝑒𝑛 𝑑𝑒 𝑛𝑎𝑑𝑎», me dijo hace unos días citando al poeta Jan Satunovski. Lo que hace en El Kremlin de azúcar es ahondar en su idea de una 𝐑𝐮𝐬𝐢𝐚 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐲 𝐭𝐚𝐫𝐝𝐨𝐦𝐞𝐝𝐢𝐞𝐯𝐚𝐥 poblada de hombres y mujeres tan inverosímiles, que solo puede haberlos parido el genio de un escritor con los pies y la lengua en la tierra. ¡Qué inmensa felicidad es compartir este libro con ustedes!
Sin ninguna duda recomendaría la lectura de "𝐂𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐫𝐢𝐩𝐨𝐬𝐚 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐥𝐚𝐛𝐢𝐨𝐬. Relatos lituanos contemporáneos", Báltica Editorial, 2023
Escritos con un 𝐞𝐬𝐭𝐢𝐥𝐨 𝐥𝐢́𝐫𝐢𝐜𝐨, con gran atención al detalle y recreando una 𝐚𝐭𝐦𝐨́𝐬𝐟𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐚́𝐠𝐢𝐜𝐚, estos veintiocho relatos de seis autores representativos de la 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐥𝐢𝐭𝐮𝐚𝐧𝐚 nos introducen en la historia y la cultura de ese país báltico, así como en su 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐯𝐢𝐛𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐬𝐮 𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐫𝐮𝐫𝐚𝐥, que se resiste a desaparecer y en el que se adquiere un conocimiento más profundo de la realidad.
𝐒𝐞𝐦𝐞𝐳𝐝𝐢𝐧 𝐌𝐞𝐡𝐦𝐞𝐝𝐢𝐧𝐨𝐯𝐢𝐜́ es uno de los principales autores 𝐛𝐨𝐬𝐧𝐢𝐨𝐬 contemporáneos, y los motivos se pueden comprobar en esta pequeña maravilla de libro, traducido a numerosas lenguas. Consta de tres partes en las que Mehmedinović narra tres experiencias de su 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐞𝐦𝐢𝐠𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐔𝐧𝐢𝐝𝐨𝐬: en la primera sufre un infarto y es ingresado en el hospital, donde se da cuenta de que corre el riesgo de morir en el mundo extranjero; en la segunda hace un road trip con su hijo por el desierto de Arizona, durante el que, entre otras cosas, se pone de manifiesto su singular relación con él, y en la tercera su mujer tiene un ataque de embolia y pierde la memoria a corto plazo. Esto lleva a Mehmedinović a relatar la cotidianidad con alguien que olvida qué ha hecho apenas horas antes, de qué manera eso se refleja en la identidad de esa persona y, claro, cómo eso cambia la vida del matrimonio.
La escritura de Mehmedinović –𝐛𝐚𝐬𝐚𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐬𝐮𝐬 𝐝𝐢𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬, que luego compone y edita– es a la vez depurada y extremadamente sensible, con 𝐢𝐦𝐚́𝐠𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐩𝐨𝐞́𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 y a la vez una cualidad esencial. Como traductor, mi principal cometido fue no arruinar esa esencialidad de la prosa y tratar de hacer que la 𝐝𝐞𝐥𝐢𝐜𝐚𝐝𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐌𝐞𝐡𝐦𝐞𝐝𝐢𝐧𝐨𝐯𝐢𝐜́ llegase al lector español con la mayor transparencia posible. Al final, el libro incluye una conversación mantenida con el autor en Sarajevo, donde vive, en la que repasa los avatares de su vida –el sitio de Sarajevo, la emigración a los Estados Unidos, los problemas de salud, el regreso a Bosnia– y formula su concepción de la literatura con sutilidad y lucidez. Un verdadero 𝐬𝐨𝐩𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐧 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨.
Según el propio Karásek: «Un alma gótica no es una novela en el sentido habitual de la palabra. Es un 𝐝𝐢𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐞𝐦𝐨𝐭𝐢𝐯𝐨 𝐲 𝐜𝐚𝐩𝐫𝐢𝐜𝐡𝐨𝐬𝐨 compuesto de una sucesión inconstante de representaciones del mundo espiritual; es una colección de 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚, de todo lo que estremece al ser bajo el influjo de los matices, los aromas y los sobresaltos del mundo real».
Esta novela corta es la 𝐨𝐛𝐫𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐚𝐜𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐜𝐚𝐝𝐞𝐧𝐭𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐜𝐡𝐞𝐜𝐨. Jiří Karásek se sumerge en las simas de la subjetividad humana y huye del sentimentalismo para abrirse paso a través de los 𝐚𝐛𝐢𝐬𝐦𝐨𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚, donde habitan los deseos inconfesables, los pensamientos alucinatorios y, en última instancia, la locura.
Un 𝐝𝐢𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐜𝐢𝐧𝐞 𝐠𝐞𝐧𝐢𝐚𝐥 𝐲 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐢𝐭𝐨, expresión de un arte nuevo y exponente de esperanzas fallidas, escribe un guion literario sobre 𝐀𝐧𝐝𝐫𝐞́𝐢 𝐑𝐮𝐛𝐥𝐢𝐨𝐯, un artista que también encarnó un arte nuevo y unas esperanzas frustradas, y quien, al igual que su intérprete cinematográfico, 𝐚𝐛𝐫𝐢𝐨́ 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐚 𝐮𝐧 𝐫𝐞𝐧𝐚𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐚𝐫𝐭𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐲 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥 finalmente ahogado por el poder.
Grandes personajes del pasado, pero por suerte o por desgracia 𝐦𝐮𝐲 𝐚𝐜𝐭𝐮𝐚𝐥𝐞𝐬.
8 de diciembre de 2025
𝓡𝓪𝓯𝓪𝓮𝓵 𝓜𝓪𝓻𝓽𝓲́𝓷 𝓻𝓮𝓬𝓸𝓶𝓲𝓮𝓷𝓭𝓪
En estas vacaciones recomendaría leer la antología ¡𝐀 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐫! 𝐑𝐞𝐥𝐚𝐭𝐨𝐬 𝐥𝐞𝐭𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐦𝐩𝐨𝐫𝐚́𝐧𝐞𝐨𝐬 (Báltica Editorial, 2023). El libro abre una ventana al remoto y poco explorado mosaico cultural de Letonia, con relatos que conjugan tradición y modernidad en paisajes como las calles de Riga, la costa de Curlandia o los bosques de Vidzeme. Las voces de las autoras que recoge la antología exploran temas de la literatura báltica como la 𝐢́𝐧𝐭𝐢𝐦𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚, el aislamiento y los lazos sociales, los dilemas históricos, etc., a través de un 𝐩𝐫𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐧𝐨𝐯𝐞𝐝𝐨𝐬𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐡𝐢𝐬𝐩𝐚𝐧𝐨𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞. Es una propuesta perfecta 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐜𝐮𝐫𝐢𝐨𝐬𝐨𝐬 que busquen adentrarse en nuevas voces y geografías literarias europeas.
Un libro nuevo es como un extraño a quien de pronto invitas a entrar: abres la puerta, le cedes la palabra, y entonces algo sucede - una aventura por tierras o universos remotos, una revelación existencial que cambiará para siempre tu propia forma de percibir la vida, una conversación íntima que ahuyentará la fría sombra de la soledad.
De la mano de Oleg Dorman, 𝐋𝐢𝐥𝐢𝐚𝐧𝐧𝐚 𝐋𝐮𝐧𝐠𝐮𝐢𝐧𝐚́ viene a compartir generosa y sinceramente su vida, desde la infancia hasta la vejez, una vida llena de alegrías y tristezas que comenzó en la 𝐑𝐮𝐬𝐢𝐚 𝐬𝐨𝐯𝐢𝐞́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝟐𝟎 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐠𝐥𝐨 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐝𝐨, peregrinó por la 𝐄𝐮𝐫𝐨𝐩𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐞𝐫𝐫𝐚 y continuó en la 𝐞́𝐩𝐨𝐜𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐝𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐔𝐑𝐒𝐒 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐥𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚. Una vida larga en la que no faltaron identidades fluctuantes, andanzas intelectuales, amores, amistades, y libros, muchos libros, leídos y traducidos, porque Lilianna Lunguiná tradujo al ruso a Astrid Lindgren, Boris Vian, Heinrich Böll o Colette entre muchos otros. Su intensa y extensa experiencia de vida y letras da, pues, para una rica conversación, para un paréntesis, para una bien aprovechada tregua navideña en la que 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨𝐧𝐚𝐫 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚.
“Me llamo Lilia Lunguiná. Desde los cinco hasta los diez años, mientras viví en Alemania, me llamaban Líli Márkovich. Luego, entre los diez y los catorce, en Francia, me llamaban Lilí Markovích.”
Para estas Navidades os recomiendo "𝐄𝐥 𝐩𝐚́𝐣𝐚𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐟𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐲 𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐫𝐮𝐬𝐨𝐬" de Afanásiev, que traduje para la editorial Libros del Libros del Zorro Rojo. En esta preciosa edición, que cuenta con los maravillosos dibujos del gran 𝐈𝐯𝐚́𝐧 𝐁𝐢𝐥𝐢𝐛𝐢𝐧, nos encontraremos con la bruja Baba Yagá y su cabaña sobre unas patitas de gallina, con mujeres sabias e intrépidos príncipes, con bosques encantados, mundos mágicos y personajes fantásticos del folclore ruso. 𝐔𝐧𝐚 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐟𝐫𝐮𝐭𝐚𝐫𝐚́𝐧 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐧𝐢𝐧̃𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐚𝐝𝐮𝐥𝐭𝐨𝐬, ideal para regalar.
𝐍𝐨𝐜𝐡𝐞𝐬 𝐫𝐮𝐬𝐚𝐬 (1844) es una joya de la literatura rusa decimonónica que, hasta hace poco, era desconocida en el mundo hispanohablante. El lector encontrará en este libro una 𝐨𝐛𝐫𝐚 𝐦𝐮𝐲 𝐯𝐚𝐧𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚 para su época, tanto por su estructura como por su contenido.
Texto coral compuesto por ficciones y disquisiciones filosóficas, éticas, estéticas, políticas, históricas. No en vano es considerada por la crítica la 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐨𝐯𝐞𝐥𝐚 𝐟𝐢𝐥𝐨𝐬𝐨́𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐫𝐮𝐬𝐚. Noches rusas presenta también, nada menos, la 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐮𝐭𝐨𝐩𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐚𝐥, «Ciudad sin nombre», poderoso cuento alegórico que no deja a nadie indiferente (de hecho, Dostoievski, gran lector de Vladímir Odóievski, lo retomó y reformuló en "Crimen y castigo").
Noches rusas es una 𝐞𝐱𝐪𝐮𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚 𝐝𝐢𝐬𝐟𝐫𝐮𝐭𝐚𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐚𝐫𝐭𝐞 y a pensar en temas de gran actualidad, como la relación de Rusia con Europa, el destino histórico del pueblo ruso, el futuro de la civilización burguesa, el lugar del artista en una sociedad mercantil.
Porque es un 𝐜𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐥𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐟𝐞𝐦𝐞𝐧𝐢𝐧𝐚 y a la 𝐬𝐨𝐫𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝. Porque pone nombre a quienes vivieron grandes cambios políticos y los retrata desde los detalles más nimios de la cotidianeidad. Porque sus breves relatos transportan al lector a la magia de la tradición, los rituales y el folclore de Bulgaria. Porque ningún otro cuentista búlgaro 𝐣𝐮𝐞𝐠𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐥𝐞𝐧𝐠𝐮𝐚𝐣𝐞 𝐜𝐨𝐧 tanta 𝐬𝐨𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚, moldeándolo y otorgándole nuevos sentidos. Por sus 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐝𝐨𝐧𝐝𝐨𝐬, 𝐬𝐮𝐛𝐥𝐢𝐦𝐞𝐬 𝐞 𝐢𝐧𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬. Porque es capaz de crear un 𝐜𝐨𝐬𝐦𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 a partir de lo cotidiano. Porque aborda con delicadeza el legado del trauma. Porque 𝐭𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐫𝐝𝐚𝐫𝐚́ la bondad y 𝐥𝐚 𝐭𝐞𝐫𝐧𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐭𝐮𝐬 𝐚𝐛𝐮𝐞𝐥𝐨𝐬. Porque incluso en la muerte te hará ver la luz.
3 de diciembre de 2025
𝓙𝓸𝓪𝓺𝓾𝓲́𝓷 𝓣𝓸𝓻𝓺𝓾𝓮𝓶𝓪𝓭𝓪 𝓻𝓮𝓬𝓸𝓶𝓲𝓮𝓷𝓭𝓪
Memorias literarias, Nevsky prospects
Las 𝐌𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐋𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐃𝐦𝐢𝐭𝐫𝐢 𝐆𝐫𝐢𝐠𝐨𝐫𝐨́𝐯𝐢𝐜𝐡 (1822-1899)” (Nevsky Prospects, Madrid, 2010, 269 páginas) ofrecen una visión rigurosa y a la vez desenfadada de la 𝐑𝐮𝐬𝐢𝐚 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐠𝐥𝐨 𝐗𝐈𝐗.
Aunque su figura quedó eclipsada por los gigantes del Siglo de Oro ruso, Grigoróvich tiene un mérito especial: fue el 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐭𝐨𝐫 𝐫𝐮𝐬𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐢𝐳𝐨 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐚𝐠𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐭𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐞𝐬𝐢𝐧𝐨𝐬.
En estas memorias, con un texto lleno de 𝐚𝐧𝐞́𝐜𝐝𝐨𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚𝐬 y 𝐞𝐩𝐢𝐬𝐨𝐝𝐢𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐬𝐮𝐫𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬, el autor nos revela el lado más humano y personal de genios a los que conoció y con los que incluso convivió: Dostoievski, Tolstói, Turguénev, Nekrásov…
¿Sabías, además, que fue él quien animó a Chéjov a dedicarse a la escritura? Gracias a ese impulso, hoy disfrutamos de la obra del gran cuentista en toda su plenitud.
Es una lectura ligera, instructiva y perfecta para estas fiestas. ¡Muy recomendable!
Como traductor, puedo añadir que es la traducción prosística del ruso al español de la que más he disfrutado.
Como traductora y lectora inquieta, quisiera recomendaros "𝐒𝐡𝐚𝐥𝐨𝐦, 𝐁𝐨𝐧𝐣𝐨𝐮𝐫 𝐎𝐝𝐞𝐬𝐚" 𝐝𝐞 𝐀𝐥𝐞𝐤𝐬𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚 𝐌𝐚𝐣𝐝𝐳𝐢𝐧́𝐬𝐤𝐚: un recorrido sentimental y lleno de humor por una 𝐎𝐝𝐞𝐬𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐞, la de antes de la guerra actual.
Escrito en una ágil prosa poética, Majdzińska nos invita a pasear por la bella ciudad natal de escritores como Ilya Kaminsky e Isaak Bábel —quien le dedicó toda su obra— y por las célebres escaleras que Serguéi M. Eisenstein inmortalizó en "El acorazado Potemkin". Se trata de la misma ciudad fundada en 1794 por el almirante español José de Ribas.
La Perla del Mar Negro se revela a través de su bullicioso mercado, sus orgullosas iglesias, sus barrios de múltiples identidades, el ambiente de la Playa Arcadia y sus interminables catacumbas.
Recién publicado por Armaenia Editorial en noviembre, este 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨 𝐦𝐞𝐫𝐞𝐜𝐞𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐏𝐫𝐞𝐦𝐢𝐨 𝐌𝐚𝐫𝐞𝐤 𝐍𝐨𝐰𝐚𝐤𝐨𝐰𝐬𝐤𝐢.
¿Por qué os 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐦𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐞𝐞𝐫 “𝐂𝐚𝐫𝐚𝐯𝐚𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐂𝐮𝐞𝐫𝐯𝐨𝐬” 𝐝𝐞 𝐄𝐦𝐢𝐧𝐞́ 𝐒𝐚𝐝𝐤 ahora que vais a tener tiempo en vacaciones de Navidad?
Porque es una novela original, divertida, perspicaz, actual, histórica, realista, satírica, cómica, escrita de manera libre, inteligente, mordaz, en tono jocoso, con una prosa chispeante y efervescente. Una 𝐫𝐨𝐚𝐝 𝐦𝐨𝐯𝐢𝐞 tierna, irónica y entrañable a veces desoladora, a veces iluminadora, que sigue las peripecias de un hastiado profesor de geografía por una zona desconocida de su país, un viaje emocional y existencial por el 𝐋𝐮𝐝𝐨𝐠𝐨𝐫𝐢𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐁𝐮𝐥𝐠𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐯𝐚𝐜𝐢𝐚𝐝𝐚 durante el cual el protagonista se encuentra con personajes insólitos e inolvidables. Porque quiero que conozcáis a Todorov. Y al Sheriff. Y al abuelo Muhittin. Porque 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐨 𝐫𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐞𝐧𝐚𝐬 𝐲 𝐦𝐞 𝐝𝐚 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐝𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐚𝐲𝐚́𝐢𝐬 𝐚 𝐥𝐞𝐞𝐫𝐥𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐯𝐞𝐳. Porque es el desbordante, divertido y crudo debut de Eminé Sadk, joven autora búlgara de origen turco, que tiene un potencial y talento enormes, y es un ser luminoso.